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Lunes, 23 Marzo 2015 00:00

¿Y tú? ¿Has incluido la palabra empatía en tu vocabulario?

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En 1993 la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye la empatía entre las diez capacidades necesarias para la vida. Vamos a intentar no sólo incluirla en nuestro vocabulario, vamos a intentar usar esta capacidad para relacionarnos con los demás. 

La empatía exige tener un equilibrio emocional, conocerse a sí mismo; exige tener autoestima y por tanto necesita meditación, reflexión, saber valorar a los otros en positivo, saber comunicar de una forma constructiva para que afloren los sentimientos del otro y se pueda encontrar a gusto. 

Cuando estás conversando con algún amigo ¿sabes escuchar sin interrumpir su mensaje? ¿Entiendes lo que quiere transmitirte? Eso es empatía. 

La empatía exige desarrollar la asertividad. Deberíamos ser capaces de mantener nuestro punto de vista sin intentar cambiar la opinión de los demás. Respetar. Los expertos en comunicación asocian la asertividad a la madurez. La persona asertiva logra establecer un vínculo comunicativo sin agredir a su interlocutor, pero tampoco sin quedar sometido a su voluntad. Puede comunicar sus pensamientos e intenciones y defender sus intereses. 

Para ser asertivo hay que ser educado, planificar convenientemente los mensajes que vamos a lanzar, conseguir aceptar la derrota cuando nos hayamos equivocado,  nunca arrinconar a los que nos rodean, ser capaces de pedir disculpas cuando sea necesario y nunca usar amenazas con los demás.

Las personas nos enriquecemos al escuchar a los otros y eso es la parte más beneficiosa para uno mismo.

Al final, el ser empático es bueno para uno mismo. Por suerte la empatía se contagia, y si eres empático contagiarás a los que tienes a tu alrededor. 

La empatía, nos permite percibir los sentimientos de los otros y hacer que se sientan menos solos. No es un don, todos podemos desarrollarla si lo deseamos, basta con abrir la mente e intentar captar la vida del otro desde su perspectiva y no desde nuestros ojos.

Las personas diagnosticadas con síndrome de Asperger-autismos, carecen de esta habilidad cognitiva. De ahí la dificultad de relacionarse con los demás. No perciben los sentimientos de los demás. 

¿Y desde la familia, en la sobremesa, en esas tardes de lluvia…podemos trabajar la empatía con los peques de la casa? 

Si tu hijo parece disgustado, tómate un momento para escucharlo e intenta sentir la emoción que está experimentando. Podrías decirle: "Pareces enfadado". Etiqueta tus propios sentimientos con términos sencillos diciendo frases como: "Me siento triste en este momento". Esto ayudará a tu hijo a sintonizar con lo que los demás puedan estar sintiendo.

Cuando se haga daño o se sienta mal, fíjate en cómo te afecta. Si lo que sientes es simplemente irritación, es posible que estés algo alejado de tu propia empatía. Respira profundamente, observa cómo se siente el pequeño y muestra una compasión auténtica por su situación. Podrías decirle algo así: "Noto que te sientes triste. ¿Quieres que te dé un abrazo o deseas hablar sobre ello?". Es posible que descubras que tu hijo simplemente necesita que lo escuchen y que a partir de ese momento se sienta más dispuesto a hacer lo mismo con los demás. 

Darío vuelve del cole y se pone muy nervioso mientras cuenta en casa como en el patio sus amigos no le han dejado participar en un partido de fútbol. Darío ha empujado, ha insultado, ha gritado….vamos se ha enfadado mucho muchísimo. 

Marcos llega a su casa muy triste y casi llorando. Su madre le pregunta que le pasa y este responde que su amigo Darío le ha empujado y le ha insultado en el patio del cole cuando le han dicho que no podía jugar al fútbol. 

La mama de Darío le pregunta a su hijo por qué no le han dejado jugar y este tiene que pensar su respuesta…. 

La mamá de Marcos hace lo mismo con el suyo y este no se lo piensa.  

-“porque no le hemos dejado jugar al fútbol” La mamá vuelve a preguntar. 

-¿y por qué no le habéis dejado? 

Ahora sí que Marcos no sabe que decir. 

Estas situaciones son muy normales entre los niños, si les enseñamos a ponerse en el lugar del otro y a pensar e intentar comprender por qué ha pasado, generaremos entre el grupo un buen ambiente de comunicación donde los sentimientos puedan expresarse sin ningún pudor haciendo ver a los compañeros el daño emocional que pueden causar en los demás.  

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