Domingo Diciembre 08, 2019
Lunes, 29 Agosto 2016 09:36

Pregón Feria Real 2016

Escrito por
Valora este artículo
(2 votos)

En esta apasionante aventura de vivir con Pasión podemos encontrar todo tipo de momentos buenos, regulares, malos... Yo he tenido la  suerte de vivir uno entrañable y emotivo que no olvidaré.

Buenas noches. Muchas gracias a todos y todas  los que habéis hecho un hueco en vuestras vidas para estar hoy aquí..
Bienvenidos a este acto de introducción a la Feria Real de la Colonia de Fuente Palmera.
Muchas  gracias  al Excelentísimo Ayuntamiento de Fuente Palmera por haber decidido que fuese yo este año la pregonera de tan hermosas fiestas.
Cuando recibí la propuesta de anunciar el inicio de la feria, y tras pensar que era una broma que se me gastaba, vinieron a mi corazón recuerdos muy entrañables.

Si bien es cierto que soy de Córdoba con sangre melariense en mis venas, heredada de una familia con raíces en Fuente Obejuna, mis recuerdos de infancia están muy unidos a Fuente Palmera.

Al pronunciar el nombre de este pueblo, mi mente viaja a esos años de la niñez en que mi padre me acompañaba al colegio y de camino pasábamos por la calle de la bodega, donde él trabajaba. Allí, en Transportes San Sebastián, mi padre, tras una pequeña taquilla, vendía billetes de autobús numerados y a los que ponía el nombre del viajero escrito cuidadosamente a mano. Lo recuerdo con nostalgia porque pasado el día, papá me regalaba la matriz de colores de esos billetes de autocar, pequeñas libretitas donde yo hacía cuentas y dibujos. En ocasiones, mi padre no estaba en su ventanilla, había que hacer refuerzo a la línea de Fuente Palmera y entonces yo sabía que pasaría el día viajando a ese lugar que para mí era lejano y desconocido. A Fuente Palmera, nombre de pueblo que en mi mente infantil tenía la magia del Macondo de García Márquez, escenario de novelas como Cien Años de Soledad o La Hojarasca; pueblo lejano como la Albanta que Luis Eduardo Aute creó para su hijo, mundo de sueños lugar perfecto al que viajar.

De mi padre aprendí que en los años 70 el viaje a Fuente Palmera se hacía por carreteras, no existía autovía. Eran muchos los que viajaban en lo que en el pueblo se conocía como “La Catalana”, y es que se llamaba así al autobús de línea porque cuando no existían estos transportes públicos en Córdoba y  los cordobeses visitaban la Comunidad Catalana, veían estos vehículos identificándolos con ese nombre, de modo que cuando los primeros autocares llegaron a la capital cordobesa se les conocía de esta manera.

Rememoramos tiempos en que la mayoría de colonos no disponía de vehículo y Córdoba se hacía casi inalcanzable, tiempos en que si necesitabas algo de la capital se lo podías encargar a un conductor de autobús de línea a los que sus paisanos apodaron “el Santo”. También supe que Juan Doblas, José Marín y José Galán eran los encargados junto a Manolo Dugo de hacer los trayectos regulares de “Las Catalanas” a Fuente Palmera, Fuente Carreteros y Ochavillo del Rio.

A través de mi padre tracé el plano de una Fuente Palmera que terminaba a un lado en la calle Torrijos y al otro extremo en la calle Carlos III. Me contó cómo el bar de Las Tinajas estaba muy a las afueras junto a una laguna. Imagine el establecimiento de Antonio Aguilar, antiguo alcalde de Fuente Palmera, con su mostrador de madera, lugar donde se vendían los billetes de autobús y se entregaban y recogían paquetes, allí cada día Antonio no solo vendía los billetes sino que recogía encargos y entregaba sueños procedentes de la capital a los colonos.

Hace 16 años aproximadamente, el Patronato Provincial de Servicios Sociales me asigno esta zona como educadora social que era.

Mi llegada a Fuente Palmera supuso una nueva ilusión, un nuevo reto de trabajo. Tuve la oportunidad de conocer a diferentes sectores de la población, sus necesidades  e inquietudes. Me sorprendió el tejido asociativo de la Colonia: asociaciones de mayores con inquietudes y dinamismo; asociaciones de mujeres decididas y valientes; Ampas deseosos de actividad y formación; niños y niñas activos  que guiados por monitores ilusionados ayudaron a iniciar la experiencia de un verano diferente en La Colonia…así nació el “Verano Guay”.

Durante aquellos años conocí la necesidad de dar respuesta educativa a la primera infancia de la localidad y a su vez posibilitar que las familias pudieran trabajar con la tranquilidad de que sus hijos e hijas estarían bien cuidados. Me sentí afortunada al superar el proceso de selección que me llevaría a dirigir la nueva Escuela Infantil Municipal de Fuente Palmera, llamada Juan María Rodríguez Lloret en memoria de un niño de Fuente Palmera que acompañó todo este proceso desde el cielo.

Por la “Guardería Municipal” como todos la llaman, han pasado cientos de familias y de pequeñines que año tras año han ido ocupando un hueco en mi corazón.

Durante estos 16 años Fuente Palmera ha crecido no solo físicamente o a nivel demográfico, he sido espectadora del proceso de crecimiento cultural , educativo y económico de una población que es el reflejo de la lucha de aquellos colonos de los años 70.

Espíritu colono por lo luchador, por la capacidad de asumir riesgos, emprendedor y trabajador. Capaz de luchar aquí por lo suyo o de emigrar lejos si es menester.

Espíritu colono que abre los brazos a quien viene de fuera, preguntando al principio de dónde eres y acabando con el paso de los años sorprendiéndose de que no seas de aquí.

Espíritu de pueblo con raíces, con su particular idiosincrasia, que me ha enseñado a llamar a mi perro “TUTU”, a ponerme bien la ropa “atacándomela”, a dar besos de sana sanita cuando un pequeñín se hace “bibi”, he aprendido que los “locos” bailan estupendamente y los osos no son tan fieros; que puedes ir a tiendas donde te llaman por tu nombre y se interesan por tu vida mientras teclean la máquina registradora; que puedes salir a la calle pero no debes llevar prisa porque cada tres pasos encontraras a una persona que te conoce y se interesará por ti.

Espíritu colono de pueblo que me ha enseñado que la vida así es tranquila y apacible y que  da calidad a tu vida.

Pueblo que sabe dejar todo a un lado y disfrutar del aquí y ahora.

Pueblo que vive la fiesta como comunicación y no sólo ruido. Fiesta como intimidad que se venga de la soledad impuesta. Celebración generosa, sin trabas, para reír, para soñar, para gustar, para entablar una larga conversación sin prisas. Feria que es retorno para los que partieron, que es reencuentro de familias, veladas interminables de disfrute y alegría.

Feria que huele a pueblo engalanado con su mejor vestido y su mejor sonrisa.

Feria como brisa fresca de verano que saca hacia fuera a nuestro niño interior y nos rejuvenece el alma.

Como diría el  escritor Carmelo Sancho Liarte:

“Dejad que suene la música 
y que impregne al pueblo entero 
que vivan sus fiestas grandes 
pequeños, mozos y abuelos. 
Que se engalanen las plazas 
y calles con sumo esmero 
que repartamos abrazos 
a los que vuelven al pueblo. 
Que la emoción reprimida 
brote a raudales sin miedo 
para expresar a sus gentes 
que viven con su recuerdo. 
Sepamos  ser  generosos 
y abramos los corazones 
para albergar esperanzas 
de un ayer con ilusiones. 
Las fiestas de un pueblo son 
cual centro de reuniones 
saludas a viejos amigos 
llenándote de emociones. 
Retrocedes en el tiempo 
hablando con tus paisanos 
reconociendo al unísono 
que fueron tiempos más sanos. 

Benditos sean los pueblos 
con paz y tranquilidad 
como este que hoy pregono 
y su gran personalidad. “


Muchas gracias

Feliz Feria Real de la Colonia de Fuente Palmera!!!

Modificado por última vez en Martes, 30 Agosto 2016 20:40
Merche Peña

Cuando me preguntan qué soy, la respuesta es rápida,“maestra”.

Y no sólo porque en su día me gradué en la diplomatura de magisterio, cosa que hice; tampoco por ser maestra de Reiki Usui y Karuna Reiki, que también lo soy…

Cuando respondo, recuerdo la maestría que tengo en tropezar y levantarme casi siempre airosa; master en perder el oxigeno a veces e hiperventilar ante la presión, serenándome progresivamente con gran habilidad; también soy experta en equivocarme y pedir perdón reconociendo mil y un errores; diplomada en impaciencia por la universidad de la vida y licenciada en exceso de perfección por tradición de familia.

Sí, soy maestra en el arte de equivocarme, avanzar y retroceder cogiendo impulso para un nuevo paso.

Al fin y al cabo eso es la vida, un camino hacia la maestría personal; y en ese sendero me encuentro, perfeccionando la más importante de las carreras universitarias: “la gran proeza de Vivir con Pasión”. ¿Me acompañas en esta aventura?

Inicia sesión para enviar comentarios
Mantersol

Nuestras Firmas

soniarovira sergiogarcia emiliodominguez merchepena jesusalinquer myriamarmela franciscotubio silviacabello ongouzal juansegovia manololeon BannerBernabe